La basílica parroquia Virgen Milagrosa (c/García de Paredes, 45) ofrece un concierto del grupo Millikin University Choir from Illinois, USA, dirigido por Brad Holmes. Se podrá escuchar el miércoles 24 de mayo, a partir de las 21:00 horas. Además, intervendrá también el Coro de Jóvenes de Madrid, dirigido por Juan Pablo de Juan. Entrada libre hasta completar el aforo.
Al día siguiente, jueves 25, a las 19:00 horas, dará comienzo una solemne celebración de la Eucaristía durante la que recibirán el sacramento de la confirmación jóvenes de colegios Vicencianos.
Y el viernes 26, a las 20:45 horas, se podrá escuchar un concierto del Coro de cámara femenino Noialtre.
Titulo: Infomadrid / Carlos González / Fotos: Deleju
El pasado viernes, 5 de mayo y primero de mes, el cardenal arzobispo de Madrid celebró la tradicional vigilia de oración con jóvenes en la catedral de Santa María la Real de la Almudena. El prelado no quiso descuidar un nuevo encuentro en este mes de mayo que «el Señor nos regala», señaló, «para hacernos ver el regalo inmenso que nos hizo dándonos a su Madre». Así, a la luz del Evangelio, en un templo repleto de jóvenes procedentes de lugares distintos, comunidades diversas y espiritualidades diferentes, el arzobispo les recordó «lo que el Señor nos enseña»: a «acercarnos a los hombres», a «estar con una originalidad en medio de ellos» y a «caminar siendo, para todos, reflejo de Jesús».
En primer lugar, destacó la posibilidad de acercarnos como ladrones, como bandidos y salteadores, o como Jesús: «Si nos acercamos como ladrones, estamos robando a los hombres». Y «cuando al ser humano no le contemplamos en la totalidad de lo que es –que, en definitiva, es ser imagen y semejanza de Dios», continuó, «cuando le tratamos de otra manera y le utilizamos como una cosa más, estamos robando y estamos destruyendo la convivencia en esta humanidad». De esta manera, insistió en que «la herida más grande que se puede provocar es robar al ser humano su dignidad».
El cardenal recordó que «no queremos hacer una humanidad de ladrones», ni «tampoco ser bandidos» y, para ello, animó a los presentes a vivir la parábola del Buen Samaritano y a ir tras las huellas del Buen Pastor. «Él, el Señor a quien contemplamos –dijo– es la puerta» y «quien entra por la puerta, ni roba ni hace daño». Así mismo, les alentó a seguir los pasos de Jesús: «Son pasos para dar vida a los hombres, no son pasos de muerte; amando como Él ama y dando la vida como Él me la pida».
Solo el amor de Dios nos hace libres
En un ambiente donde la presencia del Santísimo mantenía en vilo al corazón de cada uno de los presentes, el arzobispo de Madrid les incitó a preguntarse por Jesús: «¿Cómo te quieres tú acercar a los hombres?», porque «dependiendo de cómo nos acerquemos, haremos un mundo muy distinto»; «y la belleza de este mundo cambiará dependiendo de cómo nos acerquemos a los hombres».
Además, hacerlo de un modo original y único, «como en el Evangelio, cuando dice que conoce a las ovejas y las llama por su nombre». El Señor, aseveró, «nos conoce, nos llama por nuestro nombre, nos viene a sacar de la muerte y nos viene a dar su vida», y «lo hace amándonos incondicionalmente, dándonos su amor, el que nos hace libres» porque «solo el amor de Dios nos hace libres».
«Haced lo que Él os diga»
Finalmente, el prelado destacó la posibilidad de caminar siempre delante de los hombres, «abriendo horizontes, dando esperanza, dando la vida y siendo voz que anima y reclama la dignidad de los demás para los que no la tienen». Como María, rememoró, «haced lo que Él os diga» porque, como en las Bodas de Caná, «cuando hicieron lo que Él dijo, volvió a existir fiesta». Y la fiesta de este mundo «se hace, como nos recuerda nuestra Madre, haciendo lo que Él nos dice».
Caminemos delante de los hombres como Jesús, concluyó, «dando esperanza, horizontes, vida, entrega y mostrando el servicio incondicional a los que son imágenes de Dios».
Como cada tercer sábado de mes, la parroquia Jesús y María (c /Maqueda, 129 – metro Aluche) acogerá el encuentro del grupo de oración del Padre Pío.
Programado para el sábado 20 de mayo, dará comienzo a las 20:15 horas con la Adoración del Santísimo, seguirá con una reflexión sobre la llamada de Jesús y concluirá con la veneración de la reliquia con la sangre del Padre Pío.
Previamente, quien lo desee, podrá asistir a la celebración de la Eucaristía en el templo parroquial, a partir de las 19:30 horas.
Desde que el 9 de junio de 2016 la Santa Sede anunciara la creación del Ordinariato para los católicos orientales en España, el cardenal Carlos Osoro, como ordinario propio de estos católicos, comenzó a dar los pasos necesarios para crear una estructura pastoral que permitiera la adecuada atención a todos los fieles que pertenecen a los distintos ritos orientales.
La gran mayoría de estos católicos que están en España son inmigrantes, provenientes de Rumanía, Ucrania y la India, que pertenecen a tradiciones católicas muy antiguas, como la bizantina o siro-malabar. Todos ellos forman una rica pluralidad que pone de manifiesto la catolicidad de la Iglesia que, como decía san Juan Pablo II, respira con sus dos pulmones: Oriente y Occidente.
Estos fieles son atendidos por sacerdotes de sus propios ritos, que han venido a España de lejos. Algunos de ellos están aquí con sus familias, mujer e hijos, ya que la Iglesia de Oriente permite la ordenación de hombres casados. Otros viven célibes como los sacerdotes de rito latino. Y unos y otros han tenido unos días de convivencia con el Cardenal Osoro.
El encuentro que tuvo lugar en Madrid, los días 2 al 4 de mayo, comenzó con la celebración de las vísperas, según el rito siro-malabar, que recuerda la tradición de una Iglesia que fue fundada por el apóstol santo Tomás.
El día 3 empezó con la oración de laudes, celebradas en rito bizantino y fueron organizadas por los sacerdotes ucranianos. A continuación, el P. Miguel Campo, profesor de Derecho Oriental en la Universidad Pontificia de Comillas, explicó las implicaciones jurídicas y pastorales que conlleva la creación del Ordinariato de los católicos orientales en España. La mañana terminó con la concelebración eucarística, en rito latino y presidida por el Cardenal Osoro. Al final se hizo presente el cardenal Sandri, prefecto de la Congregación de Ritos Orientales, mediante un mensaje telefónico en el que saludó a los presentes y los animó a construir fraternalmente esta nueva realidad que es el Ordinariato.
Por la tarde hubo un diálogo fraterno en el que se plantearon preguntas, se pusieron de manifiesto las esperanzas e ilusiones que la creación del Ordinariato ha creado tanto en los fieles como en los sacerdotes de los ritos orientales.
A continuación el Cardenal Osoro habló de lo que significa la creación del Ordinariato para la vida de la Iglesia en España y, de modo particular, en Madrid. Aseguró que es un lugar de encuentro. Es una riqueza que haya católicos de otros ritos. Son tradiciones vivas de la Iglesia que no se pueden perder. Es un bien para la Iglesia en España que haya sacerdotes que preserven y fomenten estas tradiciones. Además al estar, muchos de ellos, casados, son un testimonio para las familias cristianas. Afirmó que nosotros podemos aprender mucho de ellos. Nos obliga a trabajar mejor en la acogida de los inmigrantes, en el cuidado de estas familias y en la atención a los más necesitados.
Durante la jornada de la tarde, algunos de los sacerdotes presentes contaron sus experiencias pastorales, explicaron las tradiciones propias y las peculiaridades de sus Iglesias. Y, por último, estuvo José Luis Segovia, vicario episcopal de Pastoral Social, que explicó cómo se puede ayudar a estos fieles, que llegan como inmigrantes, a legalizar su situación en España.
Después se celebró la oración de vísperas, también en rito bizantino, pero en esta ocasión, organizadas por los sacerdotes rumanos. Al finalizar la celebración regalaron al cardenal Osoro un icono de la Madre de Dios. El día terminó con una tertulia donde los sacerdotes mantuvieron un diálogo fraternal con el cardenal Osoro.
El último día, al hacer balance de lo que este encuentro había supuesto, la impresión que manifestaron todos los sacerdotes fue la alegría de haber podido estar con su nuevo pastor, en quien habían visto a un padre que los escucha y se preocupa por ellos. Todos eran conscientes de que esta nueva realidad pastoral tiene que crecer con el trabajo de todos. El nuevo Ordinariato es una ocasión preciosa para mostrar la riqueza de la Iglesia católica. Y como escribía el cardenal Osoro, en la carta de convocatoria a este encuentro, todos podemos «componer una bella sinfonía que cante las alabanzas a Dios nuestro Padre y dé testimonio de la unidad de los cristianos querida por el Señor Jesús».